EL amito de Marcabalito
(Mito)
Cuentan los ancianos del lugar que en las alturas de
Llaigan, una fría mañana del 14 de setiembre de 1750, apareció solitario y
majestuoso un hermoso cedro, que al tener forma de cruz llamó la atención de
dos niños pastores que vivían por el lugar. Los niños observaron que, al
rededor del árbol, volaba mariposas multicolores y cantaban muy alegres
los pajaritos. Los niños sorprendidos contaron a sus padres, pero no les
creyeron. Entonces lo rodearon de piedras para formar un pequeño jardín. A
tanta insistencia de los niños los padres fueron a verificar quedando
sorprendidos. Por curiosidad cortaron algunas ramas del árbol, y al instante
broto gotas de sangre, por lo que se quedaron maravillados por tal
acontecimiento.
Los lugareños sorprendidos por
el hecho cortaron el árbol y decidieron construir un gran calvario para
veneración de todos los creyentes. Designaron tres lugares para llevar el
madero: Cajabamba, Huamachuco y Marcabalito. De los dos
primeros lugares llevaron su mejor yunta de toros para
arrastrar el madero, pero fue imposible llevarlo, el madero pesaba
muchísimo; pero de Marcabalito se había llevado una yunta de toros pequeños y
flacos, pero que dieron la ¡sorpresa!, ni aun terminaron de atar el madero, los
toros movieron el madero y se dirigieron al pueblito de Marcabalito.
Estando el madero en la capilla surgió el problema de quien tallaría la imagen.
Es cuando apareció un anciano de cabello largo y barba
blanca cargando sus herramientas de carpintero, se ofrece tallar el
madero con la única condición de que lo dejaran trabajar a puerta cerrada. Los
pobladores al ver que habían pasado ya 8 días y el anciano no
salía de la capilla, tocaron la puerta y no respondía, entonces
abrieron la puerta a la fuerza. La sorpresa que llevaron fue inexplicable. No
encontraron al anciano, pero hallaron la hermosa imagen
tallada del Señor de la Misericordia. Al pie de la cruz había una
inscripción que rezaba: “Cada cinco años me sacarán en procesión”.
Cuentan los lugareños que en
Llaigan, las personas de corazón puro y llenos fe, ven un hermoso jardín lleno
de flores rodeando los restos del cedro.